Miedo a meditar

Miedo a meditar

 

No tengas miedo a meditar 

 

Meditación. ¿por qué cuesta? ¿necesito meditar? 

 

Durante mucho tiempo me costaba sentarme y cerrar los ojos para estar un rato conmigo misma viendo qué ocurría. 

 

Hay una frase que no recuerdo de quien es que dice que “si no tienes tiempo para meditar, entonces es cuando necesitas hacerlo sí o sí” .

 

La meditación no siempre es fácil, la meditación no es una relajación como tal, lo que no quiere decir que después de sentarte no puedas estar relajado. El estado en el que nos encontremos durante la meditación va a depender mucho de cómo lleguemos a ella y de lo que vaya apareciendo mientras en estás en silencio. 

 

Porque si has tenido un día malo, había mucho tráfico de la que ibas a casa, si la persona que conducía delante de ti ha encontrado un sitio para aparcar antes que tú, o como suele pensar la mente “me ha quitado el sitio”, llegas a casa y hay mil cosas que hacer, te sientas a meditar pero en ese estado, ¿cómo piensas que va a estar tu mente en ese momento? Seguramente a mil por hora. 

 

Quizás antes de parar puedes hacer algún movimiento suave, estirarte, incluso saltar si así lo sientes, liberar esa energía que traes contigo y luego sentarte y llevar la atención a tu cuerpo y a tu respiración, sin más intenciones. Quizás te sientas bien, quizás tu mente siga nerviosa o divague, dependerá de nuestras circunstancias que ese ruido mental pueda diluirse un poquito o nos acompañe durante la práctica. 

 

Y este es solo un ejemplo de lo que puede ocurrir o de como puedes llegar a la meditación. Cada día es distinto, no lo fuerces, no tengas expectativas o te juzgues. Hace poco en la newsletter que os suelo enviar, os decía que el silencio no es la ausencia de pensamientos. A la mente le encanta estar entretenida, sobre todo con recuerdos, el pasado, o anticipándose al futuro. Esto hace que sea dificil encontrar esos momentos de atención y puede ser que la práctica sea estar trayendo la atención a la respiración todo el tiempo, y está bien, estás practicando y, ese es el trabajo a realizar. No busques dejar la mente en blanco. 

 

En la carta también os menciono a Nazareth Castellanos, una neurocientífica que estudia la relación de la meditación y nuestro cerebro y que indica un estudio de la Universidad de Pittsburg, en el que se indica que la edad biológica del cerebro está relacionada con la gestión de las preocupaciones. A mayor rumiación y preocupación, mayor es el envejecimiento cerebral. Interesante. 

 

Así que nuestra tarea consiste en buscar herramientas que poco a poco nos ayuden a salir de esa rumiación y a cuidar nuestro cerebro. 

 

En el blog tienes algunos post sobre la atención, sensaciones que puedes leer: 

 

Yin Yoga y las sensaciones 

Respiración y sistema nervioso 

Encuentra la quietud en el ruido 

Los cambios y la impermanencia 

 

Y te propongo que encuentres una motivación para meditar. Puedes hacerte varias preguntas como: ¿por qué practicas o quieres practicar meditación? ¿Crees que la práctica de meditación te puede ayudar en tu día a día? ¿Quizás en tu entorno? 

 

Es importante tener una motivación, o una determinación como dice una de mis maestras, que te lleve a ser constante con la práctica. Es mejor hacer cinco minutos al día, que no 1 hora un día y no volver hasta después de dos meses. 

 

Además de esa motivación o determinación, ten amabilidad hacia ti, no te juzgues; acepta lo que surja; paciencia para mantener la constancia y deja que sea lo que sea en ese momento en el que practiques. 

 

Namasté 

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