Cuando el cuerpo deja de ser un lugar seguro
Cuando el cuerpo deja de ser un lugar seguro
Muchas personas viven desconectadas de su cuerpo sin darse cuenta. No porque no quieran sentir, sino porque en algún momento sentir fue demasiado.
El cuerpo entonces aprende a tensarse, a desconectarse, a funcionar en piloto automático. Y eso puede sostenerse durante años, hasta que deja de hacerlo.
Ahí aparecen frases como:
- «No sé lo que necesito»
- «Me cuesta parar»
- «Estoy cansada, pero no sé de qué»
No es falta de voluntad. Es falta de espacio interno.
Casi todas las personas pueden nombrar un lugar donde algo en su cuerpo descansa. Un banco al sol, una habitación concreta, el mar en invierno, una cocina en silencio.
No son lugares mágicos. Son lugares donde el cuerpo no tiene que defenderse.
Entender qué cualidades tienen esos espacios, ritmo, temperatura, postura, sensación corporal, es una forma muy directa de empezar a crear refugio interno. No desde la mente, sino desde la experiencia. Cuando el cuerpo reconoce seguridad, deja de gastar energía en protegerse. Y entonces aparece algo muy poco espectacular, pero muy necesario: claridad.
A veces la idea de «volver a ti» suena a recuperar una versión idealizada: más tranquila, más creativa, más conectada.
Pero volver a ti no es volver atrás. Es hacer contacto con lo que hay ahora, sin negociar constantemente contigo. El cuerpo no pide grandes cambios. Pide coherencia.
Cuando empiezas a habitarte de forma regular, a través del movimiento consciente, la pausa, la escucha, se reorganizan muchas cosas sin esfuerzo: decisiones, límites, descanso, relaciones.
Volver a casa no siempre implica cambiar de lugar. A veces implica quedarte.
Y aprender, poco a poco, a habitarte sin ruido.
Si quieres adentrarte en este camino, puedes participar en las sesiones que realizo. Enlace aquí.
un abrazo.